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Cómo proteger a tu mascota de los cohetes en las fiestas patrias

En fiestas patrias los cohetes aterran a las mascotas: prepara un refugio, refuerza su identificación y evita que el pánico la haga escapar.

Por Equipo Experto en Mascotas Actualizado el 12 de julio de 2026 9 min de lectura
Cómo proteger a tu mascota de los cohetes en las fiestas patrias

Si buscas cómo proteger a tu mascota de los cohetes del 15 y 16 de septiembre, la respuesta corta es esta: prepárate con semanas de anticipación, no la misma noche. Arma un refugio seguro dentro de casa, mantén a tu mascota adentro y acompañada durante el Grito y los días de cohetes, refuerza su identificación por si el pánico la hace escapar, y si el miedo es severo consulta a tu veterinario con tiempo. Nunca la automediques. El resto de esta guía te explica cómo hacer cada cosa bien.

Por qué los cohetes los aterran

Lo primero es entender que no es un capricho ni un berrinche: es miedo real. El oído de un perro o un gato es muchísimo más sensible que el nuestro; captan sonidos más agudos, más lejanos y mucho más fuertes de lo que tú escuchas. Un cohete que a ti te sobresalta, a ellos les golpea el cuerpo entero. A eso se suma que el estruendo es impredecible: no hay forma de anticiparlo ni de explicarles que no hay peligro, así que el cuerpo se pone en alerta cada vez.

Por eso reaccionan con una respuesta de ansiedad: tiemblan, jadean, babean, se esconden, se pegan a ti, aúllan o, en los casos más intensos, intentan huir a como dé lugar. No afecta solo a los perros. Los gatos suelen esconderse durante horas, las aves entran en pánico y aletean dentro de la jaula, y los pequeños mamíferos como conejos y cuyos, que son presa por naturaleza, viven el ruido como una amenaza de muerte. Reconocer que es miedo genuino cambia todo lo que harás después.

Prepárate con semanas de anticipación

La mejor protección se arma antes, con calma, no a media crisis. Cuando se acerquen las fiestas patrias, dedica un rato a dejar todo listo.

Empieza por el refugio. Identifica el rincón más resguardado de la casa —un cuarto interior, un clóset, el baño, una jaula transportadora con la puerta abierta y mantas— y acostumbra a tu mascota a estar ahí días antes, asociándolo con cosas buenas: su cama, sus juguetes, premios. Que ya sea un lugar conocido y agradable cuando llegue la noche ruidosa.

Refuerza la identificación, que es tu red de seguridad si todo lo demás falla. Ponle una placa con tu teléfono actualizado y confirma que el microchip esté registrado con tus datos al día; un microchip con un número viejo no sirve de nada. La mayoría de las mascotas que se pierden en estas fechas huyen por pánico, y la identificación es lo que las regresa a casa.

Ese día, ayúdala a gastar energía temprano: un buen paseo o un rato largo de juego por la mañana, cuando todavía no hay cohetes, deja a un perro más cansado y menos reactivo por la noche. Al caer la tarde, cierra puertas, ventanas y cortinas, revisa que no haya huecos por donde pueda escaparse, y prepara el ambiente antes de que empiece el ruido.

Si tu mascota ya sufrió un pánico severo en años anteriores, no lo dejes para el último día: agenda una consulta con tu veterinario con semanas de tiempo para valorar opciones con calma. Preparar cualquier plan a última hora es justo lo que no funciona.

La noche de los cohetes

Cuando empiece el estruendo, la meta es simple: que tu mascota esté adentro, acompañada y con el ruido amortiguado. Mantenla dentro de la casa, nunca en el patio, la azotea ni la calle, por mucho que “siempre” duerma afuera. Un animal en pánico en un espacio abierto es un animal que se escapa o se lastima.

Pon ruido de fondo para tapar los cohetes: música tranquila, la tele, un ventilador o el ruido blanco ayudan a suavizar los golpes secos del estruendo. Deja las cortinas cerradas para que no vea los destellos. Quédate cerca y actúa con normalidad: tu calma es su mejor referencia.

Déjala buscar su refugio y no la saques de ahí ni la obligues a “enfrentar” el ruido. Eso sí, no la encierres con llave en un cuarto donde pueda lastimarse tratando de salir; la idea es un lugar seguro del que pueda entrar y salir, no una trampa. Y pase lo que pase, no la castigues por temblar, esconderse o hacer un desastre: el castigo solo suma el miedo a ti al miedo al cohete.

Especie por especie

Cada mascota vive los cohetes a su manera y necesita ajustes distintos.

Perros. Son los que más reaccionan a la calle y los que más se escapan. Además del refugio y el ruido de fondo, ayudan las prendas de compresión y las feromonas. Si tu perro entra en pánico intenso cada año, el abordaje completo —desde el manejo del ambiente hasta la desensibilización— lo explicamos en la guía de miedo a los cohetes en perros.

Gatos. Suelen esconderse durante horas, y eso está bien: déjalo esconderse y no lo persigas para “consolarlo” a la fuerza. Asegúrate de que tenga varios escondites en alto y por dentro de casa, y no abras puertas al exterior esa noche. Más detalle en la guía de miedo a los cohetes en gatos.

Aves. Coloca la jaula en un cuarto interior, lejos de ventanas, y cúbrela en parte con una tela para amortiguar el ruido y los destellos. Deja una luz tenue encendida: en la oscuridad total, un ave sobresaltada puede sufrir “terrores nocturnos” y golpearse aleteando dentro de la jaula.

Pequeños mamíferos. Conejos, cuyos, hámsteres y chinchillas son presa y viven el estruendo como un peligro extremo. Llévalos al cuarto más silencioso, cúbreles parte de la jaula y dales escondites de sobra. Vigila especialmente que sigan comiendo y haciendo heces: en un conejo o un cuyo, dejar de comer por el estrés es una señal grave que no puede esperar.

Peces. Les afecta poco, y por la vibración más que por el ruido. Aleja la pecera de bocinas, ventanas y puertas, no golpees el vidrio y mantén estable la rutina esos días.

¿Puedo darle algo para calmarla?

Lo primero, y muchas veces lo único que hace falta, no es un medicamento: es el ambiente. Un buen refugio, ruido de fondo, cortinas cerradas, feromonas y prendas de compresión resuelven la mayoría de los casos leves y moderados.

Cuando el miedo es severo, sí existen opciones, pero con una regla que no admite excepciones: cualquier calmante o medicamento lo receta únicamente tu veterinario, y se prueba con anticipación, nunca la misma noche del susto. Por eso se prepara semanas antes: el profesional necesita valorar a tu mascota y, si hace falta un fármaco, ensayarlo con tiempo. Aquí no damos dosis ni nombres de medicamentos porque automedicar es peligroso.

Si se escapa

Aun con todo preparado, un animal en pánico puede huir. Si pasa, actúa rápido pero con cabeza. Revisa primero los alrededores inmediatos y los escondites cercanos, porque muchas mascotas asustadas no corren lejos: se esconden temblando a unas casas de distancia. Deja abierta la puerta de tu casa y pon afuera su cama o algo con su olor.

Avisa de inmediato a los vecinos, comparte una foto reciente en los grupos del barrio y en redes, y llama a las clínicas cercanas por si alguien la llevó. El paso a paso completo, con qué hacer las primeras horas, está en la guía de mi perro se escapó, qué hacer. Si la encuentras herida, tenla ubicada de antemano tu hospital veterinario 24 horas más cercano.

Señales de que necesita ayuda profesional

La mayoría de las mascotas se recupera cuando terminan los cohetes, pero algunas cruzan la línea de lo que se maneja en casa. Busca ayuda veterinaria si ves pánico extremo que no cede en toda la noche, intentos de huida que la llevan a lastimarse, autolesiones (patas o encías sangrantes de tanto morder o rascar), o un decaimiento que sigue al día siguiente. En conejos, cuyos y otros pequeños mamíferos, dejar de comer es por sí solo una urgencia.

Para las aves y los pequeños mamíferos, busca específicamente un veterinario de exóticos, que es quien tiene la experiencia para atenderlos. Y si el terror a los cohetes se repite cada año, no lo normalices: es algo que se puede trabajar con tu veterinario o con un especialista en comportamiento, y mientras antes empieces, mejor le irá la próxima temporada.

En resumen: el miedo a los cohetes es real y se maneja con preparación, no con improvisación. Un refugio seguro armado con tiempo, tu compañía tranquila, la identificación al día y la casa cerrada resuelven la mayoría de las noches. Para el pánico severo, tu veterinario es el único que decide la medicación, siempre con anticipación y jamás con medicina para personas.

Revisión: contenido revisado por Equipo veterinario Experto en Mascotas. Esta información es educativa y no sustituye la consulta veterinaria.

Preguntas frecuentes

¿Consolar a mi mascota cuando tiene miedo refuerza el miedo?

Es un mito muy repetido, pero no es cierto. El miedo no es un comportamiento que se premie como un truco: es una emoción. Acompañar a tu mascota con calma, dejar que se pegue a ti o se esconda donde se siente segura no la vuelve más miedosa; al contrario, tener a su persona cerca la ayuda a sobrellevar el susto. Lo que sí hace daño es castigarla o regañarla por temblar o esconderse.

¿Puedo darle algo para calmarla la noche de los cohetes?

Solo lo que recete tu veterinario, y decidido con anticipación, nunca improvisado esa misma noche. Jamás le des medicina para personas: el paracetamol y el ibuprofeno son tóxicos para perros y gatos y pueden matarlos. Antes de pensar en cualquier fármaco, la base es siempre el ambiente: un refugio seguro, ruido de fondo, feromonas o una prenda de compresión. Si el pánico es severo, habla con tu veterinario semanas antes.

¿Los peces se estresan con los cohetes?

Les afecta poco, y no por el ruido en sí sino por la vibración que llega al agua. Para reducirla, aleja la pecera de las bocinas, de las ventanas y de las puertas por donde entra el estruendo, y evita golpear el vidrio. Mantén la rutina y los parámetros del agua estables esos días y no hagas cambios bruscos.

¿Desde cuándo debo empezar a preparar todo?

Con semanas de anticipación, no la tarde del 15 de septiembre. El refugio, la placa nueva, la actualización del microchip y, sobre todo, cualquier plan con el veterinario para un caso severo necesitan tiempo. Preparar todo a última hora deja fuera justo las medidas que más ayudan.

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